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Cuentos de un emperador inmortal
CUENTOS CORTOS
Ami Kamiu
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El emperador inmortal recordaba aquella ocasión en la que caminó por los senderos del reino humano. Era un día caluroso, por lo que decidió adentrarse en el bosque e ir en busca de agua. Aunque fuera un inmortal y no la necesitara, disfrutaba de ese pequeño placer de comer y beber, una conexión efímera que lo hacía sentir algo humano otra vez. Tras limpiar su rostro con las cristalinas aguas de un río, notó a una pequeña carpa cuidando del lugar con un esmero inusual. La dedicación de aquel pequeño animal era tan notable que de inmediato captó su atención.
La historia fue narrada de la siguiente manera:
»Una pequeña carpa, que nació bendecida por los cielos, nadó años y años por los ríos, amando y cuidando lo mejor que podía de su hogar. Un día, esa carpa comenzó a pensar como los humanos y a cultivarse. Pasaron cien años, luego cien más, hasta que un día, ese pequeño animal, se convirtió en un enorme dragón. Con escamas gruesas, colmillos, patas y garras ahora podía proteger mejor el río que tanto amaba. Sin embargo, un día, un humano cultivador que pescaba su alimento pudo ver al dragón pasar, tan elegante y hermoso que no pudo evitar desear un cuerno y un colmillo para sí. Se entusiasmó y autoconvenció de que haber visto a esa criatura era una señal de los cielos para que la cazara, para que así hiciera de su cuerpo lo que él quisiera. Era, para su imaginación, una prueba celestial que debía cumplir. Pasaron cincuenta años para que ese cultivador avaricioso regresara, decidido a cazar a la bestia.
»Al encontrarla, no medió palabras con ella. La batalla que se desató hizo temblar montañas y ríos, el cielo se volvió negro y el viento feroz parecía tener vida propia. El dragón no comprendía la razón del ataque, pero debía defenderse a sí y a su territorio: no podía permitir que un humano se apoderara de ese modo lo que por tantos años había protegido.
»El dragón empezó a cansarse y el cultivador estaba en ventaja. No obstante, justo antes de que le enterrara su espada y le arrebatara uno de sus cuernos, un trueno cayó del cielo y pulverizó a ese humano. Una voz se escuchó y dijo:
—Este cultivador sin escrúpulos es mejor si nunca hubiera existido. Ha arrebatado la vida de cuantas bestias hermosas ha hallado, no utiliza su poder para el bien y ha ofendido a los cielos en innumerables ocasiones, poniendo palabras en la boca de los dioses que jamás ha conocido.
»El debilitado dragón tomó un respiro y se inclinó con respeto.
—Le agradezco de todo corazón la ayuda que me ha brindado, ¿cómo puedo devolver semejante benevolencia?
—No tienes nada que devolverme, buen dragón. En cambio, soy yo quien quiere concederte un regalo. Como has protegido este río por tantos años, me gustaría concederte el título de Dragón Protector. Si lo aceptas, estaré encantado de regalártelo, nadie en esta tierra jamás podrá sacártelo.
—Sin ánimos de ofender —dijo el dragón, conmocionado por lo acontecido—, ¿por qué me brinda de este título tan importante? ¿Acaso he hecho algo por usted como para merecerlo?
—No has hecho nada a mis órdenes, y, aun así, me has demostrado tu sincero amor por este río — contestó esa voz—. Aunque nadie te lo haya pedido y aunque nunca tuviste una retribución, has cuidado de estas aguas. Yo, el emperador de jade, he visto tus hazañas desde ya más de trescientos años, nunca pensé que una carpa podría ser tan honorable.
»Por esas palabras, el dragón soltó sus lágrimas retenidas, que pronto se convirtieron en piedras preciosas. Aceptó, con gran orgullo, el título de Dragón Protector del Río.
Fin.

Ami Kamiu
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Cuento del dragón protector del río, relato que aparece también en la novela Espadas del Cielo, escrita por la misma autora: AmiKamiu.
